Hoy se cumplen 79 años desde que el calendario empezó a tener noticias de tu nombre, desde que el 13 de diciembre besa el recuerdo de tu nacimiento, desde que el tiempo empezó a correr a tu lado y justamente hoy, la muerte te tiene de inquilino. Papá quiero contarte que el viernes pasado, tu hija menor, María, se casó, tu yerno Ernesto la entregó, no sé si le diste el permiso vos o simplemente se lo tomaron sin consultarlo, sin embargo fue un gesto de agradecer… también tengo que decirte que no paré de llorar al verlo que él llevaba del brazo a mi hermana, cuando me hubiese gustado que fueras vos quien la llevara para así tomarte la foto del recuerdo.
Fueron momentos bien emotivos, momentos de alegría, de regocijo, de emoción, de felicidad…. También debo de aclarar que toda la ceremonia, me la pasé observando tu ausencia, acariciándote con el pensamiento, buscando tu rostro entre la multitud y lo que conseguí fue extrañarte más y hundirme profundamente en el vacío.
Si estuvieras hoy conmigo, me gustaría darte un abrazo y decirte felicidades, me encargaría de decirte repetidamente lo mucho que te quiero, sin embargo, la vida me dio la espalda cuando te separó de mí aquel 15 de octubre de 1990.
Como no estás a mi lado, quiero dedicarte mis lágrimas de dolor, mis pensamientos de nostalgia, mi más sensata manera de reconocer que ya no estás conmigo. Quiero dedicarte mis mejores momentos, quisiera también, obsequiarte mis suspiros de dolor, mis arrebatos de soledad, mi inquietud por tu ausencia y mi irreparable manera de quererte.
Papá quiero pedirte perdón por abusar exageradamente del alfabeto, de formar palabras con letras repletas de dolor, de escribir párrafos denotando soledad y antipatía. Solo quiero que la vida me premie con tu voz, con tu rostro, con tus locuras, con tu presencia… yo solo quiero volverte a ver y darte el abrazo que tanto he deseado y hasta he soñado…
Te manda saludes la familia entera y sé que hoy, mi madre llora en silencio y te extraña tanto como te extraño yo… Te quiero papá.


